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    Mundial de Rugby

    El castor que le salvó el pellejo a los All Blacks

    Es el día después de la final del Mundial de Rugby, los jugadores y la población de Nueva Zelanda no paran de felicitarse. Pero la historia podría haber sido muy diferente si no fuera por un castor.

    El segundo campeonato mundial para los All Blacks, en el segundo mundial que se jugó en Nueva Zelanda — este era un torneo que tenían que ganar, y lo ganaron. Del comienzo al fin del torneo, fueron el mejor equipo. Ganaron su grupo sin mayores complicaciones, eliminaron a sus archienemigos australianos en semifinales y se coronaron en su casa.

    Pero todos esta muy conscientes de que la final fue una cuestión de centímetros. Fue uno de los raros partidos en que el perdedor, Francia, salió casi con mayores méritos que los ganadores.

    Nadie pensaba que Les Bleus podían ganar. Bueno, casi nadie. Evidentemente alguien olvidó decírselo a la selección francesa de rugby. No cabe ninguna duda, Francia fue capaz, y con un poquito más de suerte, lo hubieran ganado. Un maracanazo del rugby.

    Francia tuvo las grandes figuras de la noche, el capitán Thierry Dusatoir que se puso al frente de su equipo tanto en el partido como antes, para enfrentarse al haka. Francois Trahn-Duc que entró por una lesión a Morgan Parra y convirtió a Francia en un equipo aún más peligroso, y estuvo muy cerca de la victoria con su último penal. Imanol Harinordoquy, uno de los mejores jugadores de este mundial, en cualquier posición.

    En una final, muchos dicen que son las grandes figuras del equipo que tienen que decir 'presente' y ponerse el equipo al hombro.

    Es por eso que esta final es tan rara.

    Los franceses hicieron justamente eso. Fueron sus grandes figuras que motivaron y se cargaron al equipo, produciendo una defensa enorme y atacando a los All Blacks sin temor.

    Pero los All Blacks, aparte de Richie McCaw, dependieron de gente completamente inesperada. Tony Woodcock, pilar izquierdo, anoto el único try del match para el equipo negro. Tan solo su quinto try para los All Blacks (todos los anteriores fueron contra Australia). En una jugada que fue probablemente el único fallo defensivo francés, un lineout donde Woodcock, nada pequeño, supo esconderse entre los segunda líneas y sorprender con una corrida de 12 metros que sorprendió a todos.

    Y Stephen Donald, el cuarto fly-half utilizado por Nueva Zelanda en este mundial. Quinto, en realidad, si contamos a Piri Weepu entrando de apertura tras la lesión a Dan Carter.

    Hace dos semanas Donald estaba relajándose, pescando morrallas con amigos y preparándose más que nada para su viaje a Inglaterra donde se incorporaría al equipo de Bath.

    Donald, conocido por su apodo "Beaver" (castor), hasta hace un ano era el suplemente directo de Dan Carter, pero a causa de unas actuaciones realmente olvidables, particularmente a la hora de patear penales, fue separado del plantel y quedo muy lejos del Mundial.

    Si le hubieras preguntado a cualquier fanático del rugby neozelandés cual sería la persona que menos le gustaría ver entrar a patear un penal crítico para ganar el Mundial, la respuesta era justamente: "Stephen Donald."

    Pero asi es el deporte, siempre da revancha. Y Donald, entrando en el partido a solo 35 minutos jugados por lesión a Aaron Cruden (el reemplazante al reemplazante de Dan Carter) y vestido con una camiseta demasiado chica (ya que no tenían ninguna más en su talla para el partido, las que le habían enviado estaban hechas para Cruden) tuvo que olvidarse de los insultos y recriminaciones de sus compatriotas y patear el penal más importante de la historia de su país.

    Ahora "Stephen Donald" es la respuesta a otra pregunta que le hacen a los neozelandeses. ¿Quién nos ganó el Mundial de 2011 con un penal?

    Ni los guionistas de Hollywood (o tal vez el neozelandés Peter Jackson, productor del Señor de los Anillos) se hubieran escrito una final tan absurda.


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