"Es invencible. Ganará siete, ocho, y puede llegar a diez Roland Garros", comentaba el siempre sonriente Gustavo Kuerten en la sala de jugadores, antes de la final entre Rafael Nadal y Novak Djokovic en París. La palabra autorizada del tres veces ganador en Francia era la percepción general en los pasillos del complejo parisino. Y fue así nomás: Rafa llegó a su séptima corona tras vencer al serbio, luego de la interrupción del domingo por las malas condiciones climáticas.
Con sólo 26 años, Nadal se convirtió en el tenista que más veces levantó el trofeo de "Los Mosqueteros": siete, una más que el sueco Björn Borg. El tenista de Mallorca ya es parte de la historia grande en polvo de ladrillo, su auténtico territorio, donde sólo ha perdido un partido: en 2009 frente al sueco Robin Soderling.
El número dos del mundo suma ahora 11 títulos de Grand Slam, y se acerca al récord de 16 del suizo Roger Federer, derrotado en semifinales en esta edición. "Disfruté la final. Sufrí, pero la disfruté. Es el torneo más especial del mundo, este trofeo para mí es algo inolvidable, éste es uno de los momentos más especiales de mi carrera", aseguró el campeón.
"Ayer no lo veía nada claro, no le veía motivado. Me ha sorprendido lo fuerte que ha saltado hoy a la cancha. Anoche cenó sólo en su habitación, no quería saber nada de nadie", aseguró su tio y entrenador Toni Nadal, tras el desenlace del lunes.
Visiblemente emocionado y con lágrimas en sus ojos, el español se desplomó en el suelo tras la doble falta de Djokovic que le otorgó el título, y de inmediato corrió y saltó a abrazar a sus familiares y amigos en su sector.
