Uno de los deportes más espectaculares de los Juegos Olímpicos son los saltos ornamentales: los clavadistas implementan fuerza y elegancia en sus movimientos antes de entrar en el agua con apenas un pequeño salpiqueo.
Pero como en todo, la teoría a veces dista mucho de la práctica, al menos eso es lo que nos enseñó Stephan Feck en la ronda preliminar de la prueba de trampolín de tres metros. El clavadista alemán se disponía a intentar un salto de dificultad 3.1 para subir peldaños y meterse en la semifinal. Sin embargo, hizo todo lo contrario, perdió el control de las piernas, y terminó con un doloroso aterrizaje de espalda.
Por fortuna, salió de la piscina ileso y con la ovación de todo el público de fondo, pero los jueces no tuvieron ninguna consideración y lo calificaron con la peor nota jamás vista: siete ceros que terminaron por hundirlo en la tabla de clasificación cortando de raíz con sus esperanzas olímpicas.
¿Fue la mala suerte, falta de concentración o de habilidad, el hecho es que este clavado se suba a lo alto del podio pero de los peores de la historia?
Te dejamos el clavado para que vos mismo lo juzgues.
