La relación de Daniel Alberto Passarella con los hinchas ya viene desgastada hace un largo tiempo. Es valedero destacar que las elecciones las ganó sólo por un voto de diferencia, lo que ya indica que no contaba con un apoyo unánime ni mayoritario cuando asumió y luego de eso, se fue a la B. La mancha negra del primer descenso de la rica historia “millonaria” no será fácil de borrar para el “Kaiser”, que tiene como único objetivo ser reelecto en las elecciones de diciembre de 2013.
Por tal motivo, el presidente sabe que es esencial darle el ‘gusto’ al socio en la mayor cantidad de pedidos posibles. Así fue que su primer maniobra fue la de entregarle a Matías Almeyda el buzo de entrenador cuando se fue Juan José López y el hincha lo pedía a gritos por la gran entrega que había tenido la última temporada del “Millonario” en Primera, más aún luego del recordado incidente en La Bombonera, cuando el “Pelado” se fue expulsado y besándose la banda frente a los hinchas “xeneizes”.
Pero el “Pelado” no logró encontrarle una identidad al equipo y le llevó hasta la última fecha de la B Nacional conseguir el retorno a la máxima categoría del fútbol argentino. Partido en el cual los simpatizantes en medio de los festejos, insultaron al máximo dirigente acusándolo de ser hincha del clásico adversario. Pocos días realizaron un banderazo en la puerta del Monumental reiterando esta acusación y pidiéndole que se vaya o en su defecto que comenzara a escuchar su mayor deseo: el regreso de Ramón Díaz.
Pese a esto, muchos eran los simpatizantes que también pedían que se le dé la posibilidad al entrenador que había logrado el objetivo de devolver al equipo a ‘SU’ lugar. Ante estas dos solicitudes, la más sencilla para el “Káiser” fue lógicamente la de renovarle el vínculo a Almeyda, que desbordaba de ganas de continuar en su cargo.
Pero el presidente lo hacía sólo para quedar bien con la gente y no porque fuese lo que realmente deseaba. Enseguida lo dejó a la vista cuando lo hizo pagar al entrenador el costo político de anunciar la no continuidad de Alejandro Domínguez y Fernando Cavenaghi, prometiéndole que le daría dos delanteros de parecida jerarquía. Algo que nunca sucedió.
Tras esto, el “Pelado” comenzó a quedar mal parado para con el hincha, que no le perdonaba haber dejado ir a los últimos dos referentes. Para colmo los resultados en el retorno a la Primera no ayudaron al entrenador, que continuó sin poder encontrarle la ‘vuelta’ al equipo y realizando constantes cambios. Esto terminó de provocar que tanto Passarella como la mayoría de los simpatizantes, le terminara de soltar la mano al técnico.
El máximo dirigente ya le había puesto una especie de ‘ultimátum’ en el duelo ante Newell’s, creyendo que el envalentonado equipo de Gerardo Martino lo superaría claramente. Pero esto no sucedió y el cambio de esquema que utilizó el entrenador tuvo una gran respuesta dentro del campo de juego.
Pero esa buena imagen que se había dejado en el Monumental, desapareció por completo la fecha siguiente en Liniers, cuando el equipo cayó por 2 a 0 y prácticamente no logró tener el balón. Esto terminó de cansar a los hinchas, que ya no aguantaron más los eternos vaivenes del elenco, volvieron a reclamar por el riojano y a recordarle al “Kaiser” sus inoportunas declaraciones en las que reconocía que de chico era hincha de Boca.
Como consecuencia de este ‘grito de guerra’ de la gente, Passarella se dio cuenta que tenía que dar un golpe de timón rápidamente –pensando claro en el apoyo del socio para la reelección-. Por eso, el directivo no titubeó un segundo al momento de decidir que el ciclo de Almeyda estaba cumplido, como sucedió aquella vez con Leonardo Astrada, a quien lo respaldó hasta públicamente y enseguida se comunicó con Ángel Cappa para que sea su reemplazante.
En definitiva, lo único que debió hacer el “Káiser” fue acelerar el plan que tenía armado para el próximo año, cuando las elecciones estuvieran más cerca. La solución para él es sencilla: darle el gusto a la gente y llamar a Ramón. Por eso, mandó a Daniel Bravo a comunicarse ya con el riojano para ofrecerle el cargo en caso de que Almeyda no obtenga un resultado positivo el domingo cuando reciba a Racing. Y Díaz ya reconoció públicamente que es su gran anhelo volver algún día a calzarse el buzo de entrenador “millonario” por lo que no dudó en dar el sí.
Cierto es que otros nombres también se manejaron como posibles sucesores. Tales como Omar Labruna, quien se encuentra muy cómodo dirigiendo al Colo Colo de Chile; Pedro Troglio, que ya aclaró que no dejará a Gimnasia de La Plata; y Marcelo Gallardo, quien ha reiterado en varias ocasiones que no retornará a Núñez mientras se encuentre ligado al club, Passarella.
Entonces, desechadas todas las demás opciones, todos los caminos dirigen al pedido del hincha genuino. Almeyda ya sabe cómo seguirá y culminará la historia, por lo que el desenlace no es más que la Crónica de una Muerte Anunciada.


