Necesitábamos una "caricia" después del papelón que hicimos el sábado en el Cilindro. Eso es indiscutible. Era fundamental salir a buscar el partido, con todas las limitaciones de un equipo nuevo, que busca su identidad. Aún, ante un rival sólido y confiado que después del horror de Galeano -una pena que sea tan inestable psicológicamente, porque es un zaguero que tiene condiciones- nos perdonó la vida varias veces. Pero conviene apurarse a decir que había que atacar y lo hicimos, había que anotar y lo hicimos, había que seguir porfiándola y lo hicimos, al punto de empatar por tercera vez en el minuto 91.
Desde esta columna habíamos dicho que esta Copa Sudamericana había que "tirársela a los chanchos" y lo seguimos sosteniendo. La situación en la tabla del promedio es acuciante y no podemos dar ventajas. El sábado, ahora nomás, se viene el "insoportable" Arsenal de Alfaro. Todos corren, todos meten, nunca se desordenan y cada centro es "peligro de gol". Vienen de salir campeones y nosotros, de capa caída. Ojalá nos equivoquemos, pero el costo físico y anímico de este 3 a 3 puede ser alto. Ojalá pese más en la balanza la confianza obtenida en jugadores clave como Rosales, Farías y Leguizamón, que a su modo, fueron fundamentales en el empate final.
El miércoles que viene, con la llave abierta y Arsenal mediante, volvemos a tener la misma disyuntiva: ¿ponemos los mejor o guardamos para el partido con Boca por el Inicial, donde los puntos valen y mucho? Y preguntamos esto, porque hace poquito ya ganamos esta Copa y la verdad, a nosotros que sí somos el "Rey de Copas", no nos agrega mucho. En cambio, descender sería una mancha que jamás nos quitaremos. Jamás.
Sobre el partido, bien por Cristian Díaz que los mandó para adelante con un plan: explotar la derecha de la defensa de Boca (Cellay está falto de fútbol y nunca brilló como lateral, y Schiavi es un milagro que todavía le paguen para jugar a la pelota). Por allí se tiraban Rosales, Vidal y Morel Rodríguez, entre los tres se cansaron de desbordar y tirar centros, y así llegó el empate de Santana -excelente centro de Vidal y definición del volante, anticipando al "Pobre Flaco"-. Antes, en los primeros 15, nos hicimos fuertes en la Bombonera, explotando ese sector.
El rápido 2 a 1 de Somoza nos puso otra vez al borde del nocaut, pero el "arquerito" de ellos nos devolvió el favor de Galeano y Rosales demostró que sabe. No se apuró y la puso de zurda, al ángulo. Eso es calidad, ahora a respaldarlo con continuidad, Paulo. Llegó Sánchez Miño y su zurda para clavar el tiro libre (otro pichón de crack que, como Román, no merece vestir esos colores) y parecía todo listo. Encima, con la presión de jugar oficialmente con uno más -nos convenía Schiavi en cancha-.
Pero no nos rendimos, el "Tecla" los tuvo dos veces, pero D ´Angelo hizo la atajada del Siglo XXI y después el travesaño le dijo que no. Sobre la hora, la picardía de Leguizamón fue demasiado para las pocas luces de Clemente, quien se lo llevó puesto. Y Farías, otra vez en la Boca dando clase de aplomo y personalidad, la metió dos veces a falta de una. Listo, lindo recuerdo. La semana que viene vemos, pero desde acá volvemos a decir: una Copa Sudamericana más o menos no cambia nada. Si hace falta, pasemos a Boca por honor y después perdamos con cualquiera, pero a no distraerse, hoy para Independiente es una "Copa de Leche". En el ámbito local nos estamos jugando más de 100 años de historia y lo tenemos que hacer con titulares.
José Luis Torres


