1. All Boys
  2. Argentinos Juniors
  3. Arsenal de Sarandí
  4. Atlético de Rafaela
  5. Belgrano
  6. Boca Juniors
  7. Colón
  8. Estudiantes
  9. Gimnasia (La Plata)
  10. Godoy Cruz
  11. Lanús
  12. Newell's
  13. Olimpo
  14. Quilmes
  15. Racing Club
  16. River Plate
  17. Rosario Central
  18. San Lorenzo
  19. Tigre
  20. Vélez

Guillermo puso en evidencia las falencias de Matías para ver si Daniel baja la cabeza

River le puede ganar tranquilamente a Rosario Central, se va a complicar más en los tres posteriores

A Manuel Pellegrini lo echaron de River por salir campeón con un doble '5'. Hoy hizo historia metiendo al humilde Málaga en la Champions. No es para poner a Pellegrini en la historia de River; sino es para empezar a tratar de entender por qué algunas críticas no se realizan de antemano, con tiempo, y se esperan los resultados. Si estos errores de Almeyda, son como una epidemia de gripe que lleva casi un año.

La previsibilidad del 4-4-2 que no sorprende ni a la Cenicienta de la B Nacional (perdón Guillermo, a El Principito), la falta de ideas de Almeyda durante la semana para encontrar el simple recurso para plantear un dibujo distinto, lo llevó a que el Maestrico González se vistiera de salvador de River con tan sólo levantar la cabeza y hacer una pausa (no figura en los manuales de los otros carrileros Ocampos y Sánchez), como si sus pies fueran los de Alonso o Enzo Francescoli. Los pocos movimientos tácticos del DT y su cuerpo técnico, algunas divisiones en el plantel, más la decisión errónea de no bancar a Chichizola por encima de Vega, que no salvó ningún partido desde que está en el arco, llevan a preguntarle nuevamente a Daniel Passarella por enésima vez si no se apuró al entregarle esta bomba de tiempo a alguien que todavía estaba llorando el descenso, con su sangre en el corazón y su inexpreriencia a flor de piel como Almeyda, y por qué antes fueron Jota Jota y Cappa. Hay un patrón común que le calza a un Kaiser en estos tres casos: técnicos "manejables", sin la jerarquía necesaria para dirigir a River.O por qué no cumplió con sus promesas electorales, dejó a River sin peso en AFA, se juntó para herir a Ramón Díaz o trajo los jugadores ahora y no cuando vinieron Canales y Rojas. Para los historiadores va a ser todo muy difícil de explicar. Necesitarán de sociólogos, semiólogos, detectives, quizás para esclarecer los hechos del 26 de junio y todo el proceso previo. El fantasma del descenso todavía no desapareció que ya asusta el fantasma del ascenso, el que le hizo errar goles a Cavenaghi y a Trezeguet frente al equipo más modesto que pisó y pisará el Monumental esta temporada. Porque el tema de la defensa nada tiene que ver con nombres o fantasmas. El arquero es de segundo nivel y está avalado por el técnico y el resto pende de un hilo por la eterna falta de un funcionamiento colectivo. Pero River, de última, hizo dos goles. Que Guillermo Brown le convierta de a dos en Núñez y que todos, o casi, se aprovechen de los regalos, y no se haya podido solucionar en la semana, es una falencia táctica. El ejemplo que tiene a mano para apreciar el fútbol argentino es el equipo del Tata Martino. De un momento sombrío se llenó de sol y lo que antes no le salía ahora le sale. ¿Por motivación? Una parte. La otra es porque ahora tienen un patrón de juego general y uno particular para cada partido, por lo que hasta están por encima de lo que pueden y se animan a pelear la punta cuando sus hinchas temían por pelear un lugar en la Promoción éste o el otro torneo. No hay mucho misterio. Siempre se dice que para ganar en el fútbol las tres patas tienen que estar bien. Dirigentes, cuerpo técnico y jugadores. Passarella -junto con Aguilar- es culpable de que River esté donde está. Almeyda -que puede llegar a tener o no un gran futuro como entrenador- carece de la experiencia necesaria (es su primer año y eso no se puede negar) para algo tan pesado. Y los jugadores se tienen que juntar, mirar el escudo que toca Trezeguet cuando hace los goles o la remera que besa Cavenaghi, hacer foco ahí y sacarse la presión y los problemas que tienen. En el Gigante de Arroyito el empate a River ya no le sirve, salvo que "antes" Independiente Rivadavia le gane a Instituto, si es que la programación le da esa "grata sorpresa". Entonces, a River le tienen que funcionar dos de las tres patas antes mencionadas y sólo le quedan dos posibles: cuerpo técnico y jugadores. Subir derecho no es imposible. Todavía tienen que chocar Quilmes e Instituto. Pero por lo observado ante Guillermo Brown, serán difíciles Boca Unidos, Desamparados y Almirante Brown. Y no se puede regalar más tiempo en la semana practicando de una manera y jugando los segundos 45 minutos de otra. Eso es improvisar. Si alguien se pregunta por qué la mayoría de los goles que le hicieron a River vinieron casi sobre el final, ahí hay un esbozo de pequeña respuesta. La realidad lo confirma. Gonzalo Mozes


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